Siempre se ha dicho que los libros han provocado revoluciones. Creo que es algo que no se puede rebatir, y que no se podría hablar de civilización sin la literatura. Todas esas revoluciones se han hecho desde los libros hacia la sociedad, pero nunca se han hecho desde el libro hacia el escritor. En esta época de globalización agonizante, el papel de escritor es meramente simbólico dentro de un negocio editorial que está desesperado. Es cierto que bastantes autores gozan de prestigio y tienen notoriedad en los medios de comunicación, pero solo suponen un pequeño eslabón en la cadena de producción. Los editores dicen que el mercado impone sus leyes y los escritores deben aceptarlas como corderos obedientes porque se supone que son felices por el mero hecho de escribir y vivir de ello.
El escritor es imprescindible a la hora de crear la materia prima de la que se nutre la industria, pero lo que percibe por ello es insignificante en comparación con lo que genera su obra. En cierto modo se puede comparar con aquellos agricultores que tienen que vender sus productos al precio que imponen los intermediarios si quieren dar salida a la cosecha, a pesar de que luego lleguen a los consumidores habiendo multiplicado su precio. Pasemos a ver cómo se reparte lo que genera un libro. Supongamos que tenemos un libro de 300 págs. cuyo precio de venta es 15 €. La mitad de ese dinero va a la producción y el resto a la distribución, y de ésta, el librero se lleva 4,5 € y el distribuidor 3. En el capítulo de la producción se incluye la imprenta, cuyo precio varía en función de la tirada, pero estará alrededor de 3 €. En cuanto al diseño de la portada y la maquetación pongamos 0,20 €. La editorial percibe 2,80 €, y en ello va incluido lo que se dedica a promoción de la obra. Finalmente llegamos al escritor, que en el mejor de los casos percibirá 1,5 €, aunque a esto habría que quitarle el porcentaje que se lleva la agencia literaria que lo represente (si no se tiene agente es muy difícil encontrar editor). Así que un escritor puede ganar 1,20 € menos los impuestos por cada 15 que generan sus ideas. Teniendo en cuenta que el trabajo necesario para escribir una novela de 300 págs. es de un año a jornada completa y sin vacaciones pagadas (por lo general suele ser bastante más), sería necesario vender un mínimo de veinticinco mil ejemplares para considerar que su trabajo está medianamente pagado. De más está decir que la inmensa mayoría de los libros no llegan a esas ventas, lo que explica por qué muchos escritores tienen que recurrir a otros trabajos para subsistir.
Supongo que aquellos autores que venden cientos de miles de ejemplares no se preocuparán por esto porque las editoriales les conceden todos los caprichos para que estén contentos (incluidos otros escritores a sueldo para que le ahorren trabajo), siempre y cuando den suculentos beneficios y permanezcan fieles al sistema. Mientras tanto, otros muchos escritores se lamentan de la situación de esclavitud que soportan, pero no se atreven a dar un paso adelante por temor a que los dejen fueran.
Al margen de esta dinámica conservadora, se está gestando una auténtica revolución literaria, que de momento es muy poco conocida porque no se le da cobertura desde los medios de comunicación, y que tiene mucho que ver con lo que se denomina comercio justo porque se eliminan los intermediarios. Entre estos escritores no incluyo a aquellos que cuelgan sus libros en portales literarios con el sistema de impresión bajo demanda confiando en que tengan un golpe de fortuna y los editores se fijen en su obra. También es cierto que algunos de ellos terminan por conocer la situación y sacan el coraje suficiente para dar un paso adelante.
sábado, 2 de mayo de 2009
sábado, 18 de abril de 2009
La música que me inspira
Varias veces me han preguntado qué música escuchó cuando escribo. Reconozco que no estoy al tanto de las novedades musicales e ignoro lo que está de moda. Mis gustos musicales son variados, aunque a la hora de escribir suelo manejarme con un conjunto limitado de temas con los que me siento muy cómodo porque forman parte de la banda sonora de mis novelas. Para ser sincero, las canciones de Tom Waits suponen más del cincuenta por ciento de lo que escucho cuando escribo. Creo que tengo todos sus discos, comprados porque cuando algo me gusta quiero el original y que el autor perciba sus derechos.
Mi fascinación por Tom Waits comenzó cuando vi la película Leolo, donde dos de sus temas formaban parte de la banda sonora. Mi interés por conseguir Cold cold ground, me llevó a comprar todos los discos suyos que veía. Al escuchar cada disco por primera vez, me sonaba extraño y no me aprendía el titulo de las canciones, pero poco a poco se iban convirtiendo en imprescindibles. Cuando conseguí Franks wild years, lo escuché absolutamente emocionado, y no solo porque se incluyeran los dos temas de Leolo, también había canciones que formaban parte de películas que amaba como Smoke o Down by law.
Si tuviera que definir la música de Tom Waits, diría que es el hombre que le pone música a los sueños. Cuando me siento a escribir notó que mi mente vuela sin ataduras al escuchar sus canciones.
Mi fascinación por Tom Waits comenzó cuando vi la película Leolo, donde dos de sus temas formaban parte de la banda sonora. Mi interés por conseguir Cold cold ground, me llevó a comprar todos los discos suyos que veía. Al escuchar cada disco por primera vez, me sonaba extraño y no me aprendía el titulo de las canciones, pero poco a poco se iban convirtiendo en imprescindibles. Cuando conseguí Franks wild years, lo escuché absolutamente emocionado, y no solo porque se incluyeran los dos temas de Leolo, también había canciones que formaban parte de películas que amaba como Smoke o Down by law.
Si tuviera que definir la música de Tom Waits, diría que es el hombre que le pone música a los sueños. Cuando me siento a escribir notó que mi mente vuela sin ataduras al escuchar sus canciones.
jueves, 16 de abril de 2009
El fin de la imprenta tradicional
La semana pasada recibí los ejemplares de mi novela «La soledad y una voz», que como ya conté, se trata de la primera vez que he recurrido a la impresión digital para publicar un libro. Antes de recibirlo tenía mucho temor de que el acabado no estuviera a la altura de lo que imaginaba, entre otras cosas porque yo hice el diseño y la maquetación, porque los archivos los envié por Internet y porque mi único contacto con la imprenta fue a través de una agente comercial, y yo no conocía otros trabajos que hubieran realizado.
Cuando vi el resultado final sentí que se me quitaba un peso de encima. El acabado es igual que el de la imprenta tradicional, con la diferencia de unos plazos de ejecución muchos más cortos. Desde que acepté el presupuesto y envié los archivos hasta que recibí los libros pasaron nueve días. Aunque la principal ventaja radica en el precio. Con la imprenta offset hay unos costes iniciales muy altos porque se ha de hacer la filmación de los fotolitos y el montaje de estos antes de entrar en máquinas, por lo que es necesario hacer tiradas largas para que el precio por ejemplar pueda ser competitivo, lo que por otra parte causa un problema de almacenamiento porque no todo el mundo dispone de espacio para almacenar cincuenta cajas de libros, ni de un mínimo de cuatro mil euros para editarlos. Con la impresión digital el coste por ejemplar es el mismo si se hacen diez libros que trescientos, por lo que podemos hacer la tirada en función de los ejemplares que vayamos a vender, y si se da bien, con una llamada de teléfono ordenamos una nueva edición que recibiremos en pocos días. Es lo que se llama impresión bajo demanda, y bajo esta idea están apareciendo gran cantidad de editoriales que tratan de captar a todo aquel que quiere ver su obra editada. Yo me he saltado a las supuestas editoriales y he acudido directamente a su proveedor: la imprenta.
Después de esta experiencia, creo que la imprenta tradicional, al igual que la fotografía analógica en su momento, empieza a tener los días contados, sobre todo en lo relacionado con la edición de libros.
Cuando vi el resultado final sentí que se me quitaba un peso de encima. El acabado es igual que el de la imprenta tradicional, con la diferencia de unos plazos de ejecución muchos más cortos. Desde que acepté el presupuesto y envié los archivos hasta que recibí los libros pasaron nueve días. Aunque la principal ventaja radica en el precio. Con la imprenta offset hay unos costes iniciales muy altos porque se ha de hacer la filmación de los fotolitos y el montaje de estos antes de entrar en máquinas, por lo que es necesario hacer tiradas largas para que el precio por ejemplar pueda ser competitivo, lo que por otra parte causa un problema de almacenamiento porque no todo el mundo dispone de espacio para almacenar cincuenta cajas de libros, ni de un mínimo de cuatro mil euros para editarlos. Con la impresión digital el coste por ejemplar es el mismo si se hacen diez libros que trescientos, por lo que podemos hacer la tirada en función de los ejemplares que vayamos a vender, y si se da bien, con una llamada de teléfono ordenamos una nueva edición que recibiremos en pocos días. Es lo que se llama impresión bajo demanda, y bajo esta idea están apareciendo gran cantidad de editoriales que tratan de captar a todo aquel que quiere ver su obra editada. Yo me he saltado a las supuestas editoriales y he acudido directamente a su proveedor: la imprenta.
Después de esta experiencia, creo que la imprenta tradicional, al igual que la fotografía analógica en su momento, empieza a tener los días contados, sobre todo en lo relacionado con la edición de libros.
martes, 31 de marzo de 2009
Fantasmas del pasado
El ayuntamiento de Almagro luce hoy este aspecto. Por fortuna se trata del decorado de una película que está rodando Emilio Aragón, también conocido por Milikito, sobre la historia de su abuelo. A pesar de saber que era un decorado, esta mañana, cuando llegué a la plaza para abrir mi tienda, no pude evitar sobrecogerme al encontrarme frente a los pendones de la falange. Era como si el pasado más angustioso regresara de repente, y eso hiciera que ciertos temas que parecen trascendentes perdieran entidad ante una amenaza superior. Creo que es bueno no olvidarse del pasado aunque creamos que ya está superado y que no se volverá a repetir. Todo movimiento fascista nace con la manipulación de la información y con la siembra de la discordia que acaba enfrentando a la población. Reconozco que no soy experto en ese tema, pero sé que la iglesia católica lleva siglos de ventaja en su aplicación y no les ha ido mal.
Supongo que mañana se quitarán los símbolos opresores del ayuntamiento de Almagro, pero la inquietud tarda más en desaparecer porque los que siembran la discordia no descansan.
Supongo que mañana se quitarán los símbolos opresores del ayuntamiento de Almagro, pero la inquietud tarda más en desaparecer porque los que siembran la discordia no descansan.
domingo, 29 de marzo de 2009
La soledad y una voz

Este es el libro que estoy a punto de publicar, aunque no es el último que he escrito. En realidad es mi segunda novela, y al igual que en «La futura memoria» partí de un guión de cine previo, escrito en 1996, que posteriormente decidí trasformar en novela. La historia se desarrolla en un día, en las horas previas a que se produzca el cambio de milenio. Se trata de una novela coral donde los personajes se encuentran unidos a través de la voz de Zenón de Alejandría, el locutor de una pequeña emisora de radio que hace un programa para aquellos solitarios que no tienen planes para celebrar una fecha tan importante.
Durante muchos años he pensado que esta novela estaba destinada a languidecer en un archivo del ordenador o a que la leyeran mis incondicionales en fotocopias. Otros proyectos tenían prioridad y no podía asumir la inversión necesaria para publicarla. Con el desarrollo de la impresión digital sin fotolitos se abren nuevas posibilidades para los que no queremos hipotecarnos en grandes tiradas y no confiamos en empresas de edición bajo demanda como Bubok o Lulu. Durante un mes he revisado el texto en busca de errores, aunque no he querido alterar la historia porque corresponde a una época de mi vida muy diferente a la actual y hoy no la escribiría igual que entonces.
Lo que sí hago por primera vez en uno de mis libros es el diseño de la portada y la maquetación. Es un paso más en el proceso de controlar toda mi obra, desde que nace la idea hasta que entrego el libro a los lectores. En pocos días tendré el libro en mis manos y sabré si he elegido la imprenta adecuada para emprender nuevos proyectos editoriales. En cuanto a «La soledad y una voz», corresponderá a los lectores decidir si la novela merece una larga vida, o si debería seguir durmiendo el sueño de los justos.
Durante muchos años he pensado que esta novela estaba destinada a languidecer en un archivo del ordenador o a que la leyeran mis incondicionales en fotocopias. Otros proyectos tenían prioridad y no podía asumir la inversión necesaria para publicarla. Con el desarrollo de la impresión digital sin fotolitos se abren nuevas posibilidades para los que no queremos hipotecarnos en grandes tiradas y no confiamos en empresas de edición bajo demanda como Bubok o Lulu. Durante un mes he revisado el texto en busca de errores, aunque no he querido alterar la historia porque corresponde a una época de mi vida muy diferente a la actual y hoy no la escribiría igual que entonces.
Lo que sí hago por primera vez en uno de mis libros es el diseño de la portada y la maquetación. Es un paso más en el proceso de controlar toda mi obra, desde que nace la idea hasta que entrego el libro a los lectores. En pocos días tendré el libro en mis manos y sabré si he elegido la imprenta adecuada para emprender nuevos proyectos editoriales. En cuanto a «La soledad y una voz», corresponderá a los lectores decidir si la novela merece una larga vida, o si debería seguir durmiendo el sueño de los justos.
domingo, 22 de marzo de 2009
Y el pirata creó el mar
Pronto va a hacer siete años desde que publiqué esta novela. Por entonces la había mandado a unos quince premios literarios y a bastantes editoriales, encontrándome con el silencio de los primeros y una respuesta ambigua de las segundas que daba a entender que no habían leído ni cinco páginas. Cansado de esperar una respuesta alentadora, decidí invertir los ahorros que tenía en publicarla porque tenía una confianza ciega en esa historia. Casi mil ejemplares he vendido de esa novela, una cantidad ridícula si se compara con las ventas de ciertos autores, pero creo que no está mal para haberlo hecho en mi pequeña tienda y sin contar con la menor promoción. Sin duda, lo más alentador ha sido la respuesta de los lectores. La mayoría se han puesto en contacto conmigo después de leerla, y muchos la guardan con cariño como una de las joyas de su biblioteca. Desde estudiantes de doce años, hasta políticos, profesores, arquitectos o médicos se han dejado seducir por las aventuras de esos piratas de secano llamados Francisco Jadraque y Sinfo Piélago que encontraron el mar donde el resto veía barbechos y se pusieron a construir su propio galeón. Bastantes de esos lectores me han preguntado qué hacía yo escribiendo en una pequeña tienda cuando con un poco de promoción ese libro habría agotado muchas ediciones. Yo les digo que ya no quiero consumir mi tiempo mendigando una oportunidad con las grandes editoriales porque la vida es corta para pasársela cabreado con el sistema. En el fondo soy más libre que la mayoría de los escritores y no tengo la urgencia de que mis libros obtengan grandes beneficios a corto plazo cuando poco a poco los voy amortizando y puedo vivir de lo que amo. A todos nos gusta que nuestro trabajo sea reconocido, y por fortuna, y aunque sea a pequeña escala, es algo que estoy consiguiendo con todos los libros que he publicado. El que pudiera vender cientos de miles de libros no significaría que fuera mejor escritor, me restaría libertad y tiempo para crear, y en el fondo yo percibiría una pequeña parte de ese negocio, mientras se enriquecerían los de siempre, los intermediarios de la literatura.
martes, 10 de marzo de 2009
Gran Torino
Ayer estuve viendo la última película de Clint Eatswood, la que puede suponer su despedida como actor, como él ha declarado. Admito que a diferencia de otros directores y actores, mi interés por este cineasta no comenzó hasta que vi «Los puentes de Madison», y en una primera visión sólo me impresionó su final, que se puede incluir entre los más bellos de la historia del cine. Desde entonces he visto casi todas sus películas, y en cada una de ellas salía del cine con la impresión de que estaba ante un maestro que no dejaba de crecer con el paso de los años. Los grandes clásicos del cine tuvieron una fase de aprendizaje, otra de madurez donde alcanzaron sus mejores trabajos y una última de cierto declive, quizás porque no se supieron adaptar a otras formas de trabajo. Con Clint Eatswood la impresión es diferente, y cuando salgo del cine tengo la sensación de que todavía es capaz de superarse, y de que es el director más moderno que existe porque no hace la mínima concesión al efectismo. Él tiene una historia que contar y lo hace de la forma más directa posible, sin pensar en lo que pueda gustar al público.
Mientras veía Gran Torino, tuve la sensación de que estaba asistiendo al testamento cinematográfico del director que tomó el relevo de Billy Wilder y Kurosawa, y que a diferencia de estos, también ha sabido estar delante de la cámara con su gesto hierático de tipo duro que, alejándose de la sensiblería, es capaz de conmover y de provocar que broten las lágrimas en la última escena que interpreta y que supone una despedida grandiosa como actor.
Espero con ilusión que pueda dirigir más películas, pero si no vuelve a actuar, Clint Eatswood habrá dejado un epílogo imborrable para todos aquellos que amamos el cine.
Mientras veía Gran Torino, tuve la sensación de que estaba asistiendo al testamento cinematográfico del director que tomó el relevo de Billy Wilder y Kurosawa, y que a diferencia de estos, también ha sabido estar delante de la cámara con su gesto hierático de tipo duro que, alejándose de la sensiblería, es capaz de conmover y de provocar que broten las lágrimas en la última escena que interpreta y que supone una despedida grandiosa como actor.
Espero con ilusión que pueda dirigir más películas, pero si no vuelve a actuar, Clint Eatswood habrá dejado un epílogo imborrable para todos aquellos que amamos el cine.
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